Nildo Coria y Rosario de Coria son abuelos de la menor y viven aproximadamente a 600 metros de la casa de su nuera y sus nietos.
Los abuelos dijeron a este medio que “estamos afligidos por lo que le pasa a mi nieta, ella cambió mucho, no quiere andar sola por ningún lado, dice que ve un perro negro con una lengua grande y larga, y a veces este animal como que le hace gestos para que se adentre al monte”, dijo el hombre.
En tanto que su mujer fue más enfática al señalar que “ella estaba durmiendo una tarde aquí, estaba oscureciendo, en un momento sintió que le habían tocado el cuerpo, y pensó que era su hermanito, y cuando nos íbamos a acostar nosotros también, escuchamos gritos que venían de la habitación, nos pedían auxilio, que vayamos a ver, que ‘eso’ andaba ahí. Al llegar yo veo a mi nieta llorando en el piso y me dijo que la habían tirado de la cama, tenía todo el cabello despeinado”, desgrana en un tembloroso relato la mujer.
