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domingo, 18 de diciembre de 2016

AHORA ME RECUERDAS


Soy la suma de todos tus miedos, los que has expresado y los que solo los conoce tu subconsciente. Me conoces bien, por que siempre he vivido contigo, a tu lado, susurrándote al oído. Es curioso que preguntes mi nombre, por que respondo a muchos, así que dejemos las formalidades para otra ocasión.

Lo único que debes saber es que soy la razón de tus desvelos, de tu respiración agitada, tu corazón rugiendo en tu pecho y los escalofríos que recorren tu espalda. Si, ahora lo recuerdas, y sabes que no puedes escapar de mí. Bien.

Tratabas de convencerte, vanamente, de que no me tenías miedo, y en parte, es cierto. ¿Cómo estar asustado del mismo miedo?, ¿Cómo temer a algo que nunca has visto?

Hace dos lunas nos volvimos a encontrar, el reloj digital a tu lado marcaba las 2:35AM y tu despertaste por alguna extraña razón. Déjame decirte que no era tan extraña. Te ha pasado antes.

Despertaste con el corazón agitado, la respiración violenta y sudor helado en tu espalda. Bien entrada la noche los sonidos mas insignificantes pueden causar un infarto a ustedes los mortales. Y casi mueres esa noche. Sentías la garganta increíblemente seca y te era imposible gritar. Lo único que salía de tu boca era un gemido ligeramente mas ruidoso que un susurro. Si intentabas incorporarte sentías tu cabeza explotar. Intentabas con todas tus fuerzas moverte pero te era imposible ya que tus extremidades te habían abandonado a tu suerte y, curiosamente estabas a punto de probarla.

Sentías los latidos de tu corazón retumbando en tus oídos, estabas nervioso sin saber por qué. En un momento jurabas escuchar pasos sobre la fina gravilla de la entrada, pasos lentos pero constantes, aunque irregulares. Era como si la persona no pudiera caminar bien y tuviera que apoyarse demasiado en una pierna. Se detuvieron. Seguramente había llegado a la puerta principal, seguramente estaba ideando alguna forma de forzar la cerradura y entrar a por ti. Querías gritar, pedir ayuda, chillar que te dejaran mover, pero no podías, solo exhalabas aire sin sonido alguno. Pensabas que estabas destinado a morir esa noche a manos de un sanguinario personaje que estaba sobre el tapete de la entrada que rezaba «Bienvenido»; y, seguramente ya había entrado como si lo fuera.
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