sábado, 7 de julio de 2012

Legítima Defensa



Este texto brevísimo me encantó. Tuve que leerlo un par de veces para apreciarlo como corresponde. Espero que ustedes lo disfruten tanto como yo.



Veintisiete huesos dentro de mí, un revolotear de uñas y cutículas, tu dedo índice sermoneándome mientras se deshace, el anular perdido para siempre.

No estoy arrepentida, la boca está bien puesta, aunque tenga la lengua un poco ahorcada y la mandíbula como la de una boa. Quizás deba ir al dentista.

Tu sangre tiñó mis muelas y se está coagulando en mis encías. Arg.

Y a la jueza le diré la verdad y nada más que la verdad: que tenías la mano dura.


Tomado de http://www.historiasdeterror.net/2012/07/legitima-defensa.html

jueves, 5 de julio de 2012

Mitos y Leyendas de Argentina: La Luz Mala

Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo o de los cerros está la de la "luz mala" o "Farol de Mandinga", mito con trascendencia religiosa que se extiende por casi todo el Noroeste Argentino.

En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros del oeste tucumano (Mala Mala, Nuñorco, Muñoz, Negrito, Quilmes, etc), a la oración - de tarde -, o cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos; a ella - con terror y morbosidad - los lugareños denominan "luz mala" o el "farol del diablo".

El día de San Bartolomé (24 de agosto) es el más propicio para verlos, ya que es cuando parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia general, se debe a la influencia maligna, ya que popularmente estiman que es el único día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer impunemente de las suyas (Ambrosetti, "Supersticiones y leyendas").
La luz es temida también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra.

lunes, 2 de julio de 2012

La otra voz


Esta historia la contó Clara, una amiga del Facebook en el día de ayer y accedió a compartirla a través de este blog. Es un relato muy breve sobre lo que experimentó, pero es de destacar que por sobre el temor prima una posibilidad de reflexión.

Estábamos Gastón, mi sobrino y yo, y le pregunté cuántos ibamos a ser hoy para comer en su abuela. Me contestó: somos 5 o 6; entonces la voz de un hombre dijo: somos 6.
Chan! Solo yo lo escuché, y en mi casa no hay otro hombre que Gastón...
Sea quien sea, me hizo pensar todo el dia...

Debemos pensar que a veces hacemos tanto mal en la Tierra, que algunos quedan varados aquí penando sus culpas: un alma sin rumbo.
El cielo y el infierno existen...



Me recuerda mucho la historia breve que escribí hace un tiempo: Guardia Nocturna


domingo, 1 de julio de 2012

INOLVIDABLES: TO SPRING ( ANIMACION, 1936 )

Los dibujos animados de antaño tienen una magia que las producciones modernas no pueden y no quieren emular. Hay en ellos un componente extraño que provoca fascinación a pesar del paso de los años. Habrá que ver, en todo esto, cuál es realmente el peso de la nostalgia, de las marcas de la memoria en quienes hemos crecido con estos dibujitos. Pero su atracción es innegable a todas luces.
La siguiente animación cuenta con todos los elementos que constituyen un verdadero clásico destinado a los niños. Es la historia de cómo la vida siempre vuelve a surgir allí donde parece agotada. De cómo las dificultades se pueden salvar, de cómo la unión hace la fuerza...
Una orquestación magnífica acompaña el desarrollo, y las escenas son tan claras que no hace falta traducción o subtitulado para entender lo que está sucediendo.
Y como elemento central, el cual justifica la elección de esta obra para incorporarse al blog, el aullido del viento invernal...
Un inolvidable que disfrutaron generaciones de niños antes que yo, de niño.
Que no se pierda.


To Spring


Amor de madre




Existen ciertas historias que circulan en variedad de versiones, con algunos añadidos o detalles divergentes; historias que, en definitiva, son una sola. En esta ocasión les traigo una de esas historias repetidas a la vez que singulares. Su autora, la Prof. Ana Elizabeth de la Zerda, se basó en ciertos sucesos ocurridos en la provincia de Tucumán para hilar este relato.



El invierno en Tucumán suele ser benévolo cuando el sol de la tarde calienta la piel de aquellos que osan subir, a la siestita, por las enmarañadas rutas al Cristo Bendicente. Sin embargo, cuando al viento se le ocurre involucrarse en la placentera diversión, los vellos de los brazos comienzan a levantarse alarmados por el incipiente frío.
Muchos visitantes empiezan a colocarse sus camperas y, varios turistas atrevidos, aprovechan la compra de la mañana para cubrirse con ponchos y algún sombrero de gaucho. Se resisten a dejar el lugar hasta que el sol decide abandonarlos y, uno tras otro, empiezan a emigrar.
Mariano, Juan y Fran decidieron esperar un poco. Aún sabiendo que era peligroso bajar de noche, lo preferían a tener que seguir la procesión de autos, motos y bicicletas que formaban, a un ritmo regular, una fila india por el único y angosto camino.
Con la compañía indispensable del mate, se refugiaron bajo un grupo de árboles donde aprovecharon para una mano de truco.
El frío había dejado desolado el lugar. Hasta los vendedores habían huido. El viento empezó a golpear más fuertemente y su voz distante advertía a los amigos que era hora de regresar a la ciudad. Los tres se levantaron y corrieron a sus autos para emprender el descenso.
La ruta parecía más oscura que de costumbre, alumbrada apenas a dos metros por los faros del Renault 19. Las luces de la ciudad aparecían esporádicamente entre la tupida vegetación, recordando el destino que se hacía, cada vez, más anhelado. El silencio era profundo. Juan manejaba pero ninguno de los tres apartaba la vista de la ruta.
Fran estiró su mano para encender el estéreo. La familiar melodía relajó los músculos tensos de los tres y creó un ambiente aislado de la oscuridad inmensa que los rodeaba.
Poco tiempo tuvieron para darse cuenta, en una curva, de que un auto venía de frente. La luz del otro vehículo les advirtió, segundos antes del encuentro, y una maniobra los salvó de una tragedia.
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