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lunes, 28 de mayo de 2012

Cabaret du Néant: Noches de vino y muerte

“¡Bienvenido, oh viajero fatigado, al reino de la muerte! ¡Entre! ¡Escoja su ataúd, y siéntese a su lado!”. Con esta frase, una voz oculta y cavernosa daba la bienvenida a los visitantes del Cabaret du Néant, y les invitaba a acomodarse en su sala de intoxicación para, entre velas, ataúdes y esqueletos, pasar una velada en los límites de la muerte.

Cuando escuchamos las palabras Cabaret y París, a la inmensa mayoría nos vienen a la mente lugares de diversión y jolgorio como el Folies Bergere o el Moulin Rouge. Pero a finales del siglo XIX, otras corrientes circulaban análogas a la diversión en la sociedad parisina. El creciente culto a la muerte y al ocultismo florecía en las capitales europeas entre las clases altas. No había reunión ni cena de sociedad sin su posterior sesión espírita en la sobremesa. El auge del interés por lo sobrenatural de la década de 1890, llevó a la apertura, en París, de tres cabarets selectos, clandestinos y macabros: cabaret de l´enfer (cabaret del infierno), cabaret du Ciel (cabaret del cielo) y cabaret du Néant (cabaret de la nada o de la muerte), donde se representaron los más variados y macabros espectáculos relacionados con la muerte.

El Cabaret du Néant fue fundado en el año 1892 por un tal Dorville y se ubicaba en el número 34 del Boulevar de Clichy, en París. Se conservan numerosas fotografías del lugar gracias a Eugêne Atgest (1857-1927), que se dedicó a retratar las escenas más mórbidas de este oscura lugar parisino.
El Cabaret estaba distribuido en diferentes salas a las que se accedía por oscuros y angostos pasillos. Los nombres de las salas y su decoración dependían de los actos o espectáculos que en ellas se representaban, así, por ejemplo, encontramos la Sala de intoxicación, que venía a ser más o menos el bar del cabaret, con la peculiaridad de que las mesas eran ataúdes. Toda la sala era de tonos oscuros con calaveras y siniestras estatuas decorando las paredes que, bajo la iluminación tenue de las velas que colgaban de huesudas lámparas, otorgaban al lugar de un aire cargado y siniestro.




Otra sala era conocida como la de la Desintegración, allí se representaban algunos espectáculos, todos ellos relacionados con la muerte.
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