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miércoles, 25 de febrero de 2015
LA PUERTA DEL BAÑO
Cuenta la leyenda que hace muchos años el conserje del colegio San Blas en una revisión rutinaria de las instalaciones de la escuela, encontró el cadáver de la señora de la limpieza tirado en el baño en un gran charco de sangre…
Tenía la ropa llena de rasgaduras y heridas y le faltaban trozos en la cara como si hubieran sido arrancados a mordiscos.
Aterrado, llamó a la Policía y los policías se llevaron el cadáver, al parecer había muerto tras varias horas de crueles torturas.
Nunca se descubrió al culpable y la memoria de lo sucedido fue pasando de generación en generación de estudiantes, que contaban la historia entre burlas y sin darle la mayor importancia.
Actualmente se dice que, si te encierras a solas en el baño, puedes sentir como la mujer toca la puerta… Si cometes el error de abrirle, su espíritu atormentado entrará y te torturará del mismo modo que lo hicieron con ella.
Pedro y sus amigos siempre habían creído que la leyenda era una chorrada y se burlaban de uno de sus amigos que insistía en que él una vez estuvo solo en el baño y le tocaron la puerta.
Hasta que hace unos días se celebró en el colegio la fiesta de fin de curso…
Pedro estaba hablando con un amigo y le dijo que le esperara un rato mientras iba al baño. Curiosamente no había nadie cerca, algo poco habitual porque el colegio estaba lleno de gente por la fiesta, y fue allí donde se acordó de la leyenda.
Haciéndose el gallito con la valentía del que se ha tomado alguna copa de más decidió ponerle el seguro a la puerta para comprobar si la historia de fantasmas era cierta. Pretendía burlarse de los demás por un miedo infantil que él consideraba de cobardes.
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domingo, 24 de febrero de 2013
HISTORIAS REALES: DETRAS DE LA PUERTA
Alejandra anduvo todo el viaje pensando en la nota. ¿Habría aprobado? Estudiar, había estudiado lo suficiente, pero siempre lo mismo, un poco más hubiera sido mejor. Un poco más, una hora menos de sueño, comenzar un día antes, resumir más rápido, no leer ese texto que sabía que no le iban a tomar pero igual lo tuvo que leer, porque sino después…
Bajó del colectivo y mientras esperaba para cruzar la calle, la fina llovizna hizo que se estremeciera un poco. Iba temprano, el cielo estaba gris y el agua de ese viernes caía helada.
Recorrió el silencioso pasillo principal de la facultad con paso apresurado, pero no dobló a la derecha; antes de la nota, tenía que orinar. Los nervios, la lluvia, el frío…
Para colmo, el baño nuevo estaba cerrado. Había dos en esa ala: uno recientemente refaccionado y puesto en condiciones, y el otro, el viejo, el que todas evitaban de ser posible.
Pocas veces Alejandra había entrado a ese baño; algo le provocaba rechazo. Pero esta vez no había elección. Empujo la puerta e hizo que hiciera tope, dejándola abierta. Se dirigió al primer cubículo, justo enfrente de ella. Antes de entrar observó su estado: razonablemente limpio, por suerte. Al girar para cerrar la puerta del cubículo, lo vio.
Cabello. Largo, negro, lacio. En el ángulo que se forma entre la puerta de entrada del baño y la pared. Visible a través del ventanuco rectangular, sin vidrio ya. La cabeza de una mujer, mirando la pared, como en penitencia.
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martes, 25 de septiembre de 2012
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