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sábado, 24 de junio de 2017
EL FANTASMA DEL CEMENTERIO DE CEVIL POZO
En Tucumán, las historias de apariciones son moneda corriente. Fanático de lo paranormal, Jorge Soria cuenta una anécdota ocurrida en las cercanías del Cementerio de Cevil Pozo.
Los cementerios del interior de Tucumán tienen una rica historia basada en apariciones, mitos o leyendas que perduran en el tiempo. Jorge Soria es tucumano y está interesado en las paranormales historias que tienen lugar en la provincia.
“Julio es un exchofer de una empresa de colectivos que ya no existe, ETAP, y fue protagonista de una anécdota que no podrá olvidar. Esta empresa cubría el recorrido entre la ciudad de San Miguel de Tucumán y Banda del Río Salí, Los Ralos, Cevil Pozo y Colombres”, asevera Soria.
Corría el mes de mayo de 1982. Julio tomaba servicio por la tarde y debía cubrir el recorrido hasta Colombres. Luego de terminar su turno, a las 22 h, retornaba vacío con destino a la vieja terminal de ómnibus.
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miércoles, 24 de mayo de 2017
VENDRA LA MUERTE Y TENDRA TUS OJOS - Cesare Pavese
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
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sábado, 13 de mayo de 2017
sábado, 1 de abril de 2017
MUJER POSEIDA AL ESTILO DE " LA LLAMADA "
Hola amigos y amigas, ¿qué opinan de este video?
Yo lo veo bastante artificial, pero no deja de ser inquietante...
LA PESTE EN EL COLECTIVO ( Trollpasta )
Un joven con una mochila en la espalda se subió a un colectivo que lo condujo al Terminal de La Cabaña. Entre los asientos, un olor que salía de la mochila comenzó a regarse por todo el colectivo. El olor era terrible y levantó sospechas. Fue entonces que un pasajero alertó a un policía que casualmente circulaba por la calle Miguel Cané; la patrulla detuvo dicho colectivo para hacer la respectiva revisión, le pidieron al joven que abriera su mochila y ante la mirada incrédula de los demás pasajeros descubrieron con gran asombro que allí llevaba DOS CABEZAS. Al ser examinadas se logró constatar que una cabeza era de ajo y la otra era de cebolla. Gracias por su atención, sigan en lo suyo.
Tomado (con mínimas correcciones) de: https://www.facebook.com/esdecorrentinooficial/photos/a.1652651301671633.1073741828.1652622398341190/1861601247443303/?type=3&theater
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jueves, 2 de marzo de 2017
MUJER POSEIDA EN TUCUMAN - Iglesia Santo Domingo
Apenas iniciando Marzo se viralizó este video, en el cual se escuchan gritos desgarradores y puede observarse una imagen difusa: un policía lleva en andas aparentemente a una mujer hacia el interior de la iglesia de Santo Domingo. El incidente fue catalogado como de posesión demoníaca, y continúa distribuyéndose a través de las redes sociales. Como es usual, no puede descartarse que se trate de un montaje.
Video:
miércoles, 1 de marzo de 2017
EL DESPERTAR - de Belén Olavarría Muñoz
En la oscuridad de la vida nocturna
cuando transitas con somnolencia
por calles lúgubres y sombrías,
tus zancadas avanzan a tal velocidad
que sientes que tu cuerpo rozará con otro cuerpo;
un ser de la noche oculto entre las sombras.
cuando transitas con somnolencia
por calles lúgubres y sombrías,
tus zancadas avanzan a tal velocidad
que sientes que tu cuerpo rozará con otro cuerpo;
un ser de la noche oculto entre las sombras.
Y cuando atraviesas el umbral de tu hogar
y tu mano tienta el interruptor,
y la fuerza de la corriente eléctrica es percibida en la atmósfera,
justo antes de que se haga realidad su función de luminosidad,
el terror a ser expuestos a la vista
invade los cuerpo etéreos de las almas de aquellos desconocidos
que transitan por callejones oscuros y pasillos sombríos,
arrastrándolos hacia sus muros para evitar el aura pura de una simple vela.
y tu mano tienta el interruptor,
y la fuerza de la corriente eléctrica es percibida en la atmósfera,
justo antes de que se haga realidad su función de luminosidad,
el terror a ser expuestos a la vista
invade los cuerpo etéreos de las almas de aquellos desconocidos
que transitan por callejones oscuros y pasillos sombríos,
arrastrándolos hacia sus muros para evitar el aura pura de una simple vela.
Entonces sus murmullos se ahogan,
y el tibio olor empapado que enrarece el ambiente
se sumerge en un dudoso stand by.
y el tibio olor empapado que enrarece el ambiente
se sumerge en un dudoso stand by.
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miércoles, 22 de febrero de 2017
HISTORIAS DE NIÑOS, CUENTOS DE MIEDO - de Belén Olavarría Muñoz
¿Quién dice que hoy no tienes miedo?,
¿y no ascienden por tu espalda
las caricias del escalofrío,
y el calor del mareo?
¿Quién te esperará hoy en casa?
¿Quién mirará por ti bajo la cama?
¿y no ascienden por tu espalda
las caricias del escalofrío,
y el calor del mareo?
¿Quién te esperará hoy en casa?
¿Quién mirará por ti bajo la cama?
¿Temor de niños?…
No lo creo.
Cuando vuelves el rostro
hacia cualquier objeto, inquieto,
al sentir que los ruidos se palpan,
como moscas revoloteando tu cuerpo.
No lo creo.
Cuando vuelves el rostro
hacia cualquier objeto, inquieto,
al sentir que los ruidos se palpan,
como moscas revoloteando tu cuerpo.
Sé que quisieras cazarlas
para poder controlarte
(ingenuo),
para deshacerte de tu pánico,
y evadirte de este juego.
para poder controlarte
(ingenuo),
para deshacerte de tu pánico,
y evadirte de este juego.
lunes, 20 de febrero de 2017
MILENARIO - de Alejandro Camacho
La lechuza ocupa el árbol más viejo de un monte cercano. Nadie se explica desde cuándo, ni cómo, pero ahí está, vigilante y sigilosa, un centinela de la muerte. Tiene plumas de oro que brillan con los sueños de algunos poetas trasnochados.
Cada vez que mis ojos desean contemplarla, persigo el rastro luminoso de los cometas desorientados que buscan amor ente las auroras.
Sus patas son imponentes, a pesar de ocupar una de las ultimas ramas puedo divisar con exactitud sus gestos (hace ciento catorce noches la visito, conozco de memoria sus rasgos). Ella me saluda como siempre, yo contesto del mismo modo, sin embargo hay algo que me acongoja esta noche, es un miedo desinhibido, algo absurdo.
Conversamos de los políticos de turno y la población actual, sus teorías sobre la revolución son asombrosas. De pronto abre sus enormes alas, bajo ellas veo un gran armamento, la amenaza es inminente. Tiemblo sin sentido, intento correr y mis rodillas se clavan en la tierra del arado, donde quedo inmóvil, ninguna extremidad responde, el sudor desprendido de mi espalda se vuelve fértil. Tres raíces explotan desde mis pies, crezco rápido y sin límites, ante la silenciosa mirada del animal, la madera de quebracho cubre cada hueso, la sangre se vuelve savia espesa.
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viernes, 27 de enero de 2017
martes, 24 de enero de 2017
LOS SUICIDAS
Después de recibir una receta para uno de los antidepresivos más populares y recogerla de la farmacia, una joven mujer regresó a casa y abrió la pequeña caja. Había imaginado una botella amarilla llena de cápsulas enfrascadas de forma apretada, como pastillas de vitaminas.
En cambio, encontró un envoltorio metálico plano, con cada pastilla separada de su vecina por un desproporcionado espacio de aluminio vacío.
«Cada pastilla está en completa soledad», dijo ella, «como en conchas metálicas mirando hacia fuera a las demás. Están todas en sus pequeñas prisiones individuales. ¿Por qué no están todas juntas en una caja, sueltas y libres?»
Le preocupó la forma en que las pastillas estaban empaquetadas.
«Están alineadas como pequeños soldaditos obedientes ¿por qué ni uno de ellos rompe filas?»
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LOS CHICOS - de Ana María Matute
Eran cinco o seis, pero así, en grupo, viniendo carretera adelante, se nos antojaban quince o veinte. Llegaban casi siempre a las horas achicharradas de la siesta, cuando el sol caía de plano contra el polvo y la grava desportillada de la carretera vieja, por donde ya no circulaban camiones ni carros, ni vehículo alguno. Llegaban entre una nube de polvo que levantaban sus pies, como las pezuñas de los caballos. Los veíamos llegar y el corazón nos latía de prisa. Alguien, en voz baja, decía: «¡Que vienen los chicos…!» Por lo general, nos escondíamos para tirarles piedras, o huíamos.
Porque nosotros temíamos a los chicos como al diablo. En realidad, eran una de las mil formas de diablo, a nuestro entender. Los chicos, harapientos, malvados, con los ojos oscuros y brillantes como cabezas de alfiler negro. Los chicos, descalzos y callosos, que tiraban piedras de largo alcance, con gran puntería, de golpe más seco y duro que las nuestras. Los que hablaban un idioma entrecortado, desconocido, de palabras como pequeños latigazos, de risas como salpicaduras de barro. En casa nos tenían prohibido terminantemente entablar relación alguna con esos chicos. En realidad, nos tenían prohibido salir del prado bajo ningún pretexto. (Aunque nada había tan tentador, a nuestros ojos, como saltar el muro de piedras y bajar al río, que, al otro lado, huía verde y oro, entre los juncos y los chopos.) Más allá, pasaba la carretera vieja, por donde llegaban casi siempre aquellos chicos distintos, prohibidos.
Los chicos vivían en los alrededores del Destacamento Penal. Eran los hijos de los presos del Campo, que redimían sus penas en la obra del pantano. Entre sus madres y ellos habían construido una extraña aldea de chabolas y cuevas, adosadas a las rocas, porque no se podían pagar el alojamiento en la aldea, donde, por otra parte, tampoco eran deseados. «Gentuza, ladrones, asesinos.. .» decían las gentes del lugar. Nadie les hubiera alquilado una habitación. Y tenían que estar allí. Aquellas mujeres y aquellos niños seguían a sus presos, porque de esta manera vivían del jornal que, por su trabajo, ganaban los penados.
El hijo mayor del administrador era un muchacho de unos trece años, alto y robusto, que estudiaba el bachillerato en la ciudad. Aquel verano vino a casa de vacaciones, y desde el primer día capitaneó nuestros juegos. Se llamaba Efrén y tenía unos puños rojizos, pesados como mazas, que imponían un gran respeto. Como era mucho mayor que nosotros, audaz y fanfarrón, le seguíamos adonde él quisiera.
El primer día que aparecieron los chicos de las chabolas, en tropel, con su nube de polvo, Efrén se sorprendió de que echáramos a correr y saltáramos el muro en busca de refugio.
-Sois cobardes -nos dijo-. ¡Esos son pequeños!
No hubo forma de convencerle de que eran otra cosa, de que eran algo así como el espíritu del mal.
-Bobadas -nos dijo. Y sonrió de una manera torcida y particular, que nos llenó de admiración.
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domingo, 22 de enero de 2017
sábado, 21 de enero de 2017
EL MONTE DE LAS ANIMAS - de Gustavo Adolfo Bécquer + videolibro
EL MONTE DE LAS ÁNIMAS
Gustavo Adolfo Bécquer
La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.
I
-Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
-¡Tan pronto!
-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
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viernes, 13 de enero de 2017
MANIFESTACION DE ESPIRITUS ALREDEDOR DE UNA NIÑA ?
Una vez más nos encontramos ante una filmación que mostraría cierta actividad paranormal. Son muchos los videos que presentan situaciones similares, dividiendo las opiniones: hay quienes creen que se trata de simples engaños, y hay quienes están seguros de hallarse ante pruebas irrefutables del accionar de los espíritus. Como siempre, está en cada uno elegir en qué creer.
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EL CABALLITO DE MADERA - de D. H. Lawrence + Video de Laiseca
EL CABALITO DE MADERA
D. H. Lawrence
Era una mujer hermosa, que había empezado con todas las ventajas que puede deparar la vida, y que, sin embargo, no tuvo suerte. Se casó por amor, y el amor se redujo a polvo.
Tuvo hermosos hijos, pero llegó a creer que le habían sido impuestos, y no pudo amarlos. Ellos la miraban con frialdad, como si la encontraran culpable. Y bien pronto ella sintió que debía ocultar alguna falta. Sin embargo, nunca supo cuál era esa culpa que debía ocultar. Pero cuando sus hijos estaban presentes, sentía endurecérsele el centro del corazón. Esto la inquietaba, y en su inquietud trataba de mostrarse afectuosa y solícita con ellos, como si los quisiera mucho. Sólo ella sabía que en el centro de su corazón había un lugarcito duro que no podía sentir amor, que no podía amar a nadie. Todos decían: "Es una buena madre. Adora a sus hijos". Sólo ella y sus mismos hijos sabían que no era así. Leían la verdad en sus miradas.
Tenía un varón y dos niñas. Vivían en una casa agradable, con jardín, con criados discretos, y se sentían superiores a todos los vecinos.
Pero, aunque guardaban las apariencias, reinaba siempre en la casa cierta ansiedad.
El dinero nunca era suficiente. La madre tenía una pequeña renta, y el padre tenía una pequeña renta, mas no bastaban para conservar la posición social que debían mantener.
El padre trabajaba en una oficina de la ciudad. Tenía buenas perspectivas, pero esas perspectivas nunca se materializaban. Y aunque conservaran las apariencias, persistía siempre la punzante sensación de la escasez de dinero.
Por fin dijo la madre:
-Veré si yo puedo hacer algo.
Pero no sabía por dónde empezar. Se devanó los sesos, probó esto y aquello sin encontrar nada eficaz. El fracaso grabó profundos surcos en su rostro. Sus hijos crecían, pronto tendrían que ir a la escuela. Hacía falta dinero, más dinero. Parecía que el padre, siempre muy elegante y dispendioso en la satisfacción de sus gustos, nunca podría hacer nada que valiese la pena. Y la madre, que tenía mucha fe en sí misma, no logró mejores resultados y además era tan derrochadora como el padre.
Y así fue como penetró en la casa aquella frase tácita: ¡Hace falta más dinero! ¡Hace falta más dinero! Los niños la oían permanentemente, aunque nadie la pronunciaba en alta voz. La oían en la Navidad, cuando los costosos y espléndidos juguetes llenaban su cuarto. Detrás del reluciente caballito de madera, detrás de la elegante casa de muñecas, una voz, de pronto, empezaba a susurrar: "¡Hace falta más dinero! ¡Hace falta más dinero!" Y los niños se interrumpían en sus juegos, para escuchar la voz. Se miraban a los ojos, para comprobar si todos la habían oído. Y cada uno veía en los ojos de los otros dos que también habían oído. "¡Hace falta más dinero! ¡Hace falta más dinero!"
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