sábado, 30 de agosto de 2014
CLASICOS: LA CHICA DEL ASIENTO DE ATRAS
Primero que nada, una versión sencilla, podríamos decir tradicional de esta historia ya está presente en el blog y pueden verla haciendo click en este link. Fue publicada antes de que se iniciara la sección "Clásicos de los Sábados", pero considero que merece un lugar en ese apartado. Con esta reinterpretación se lo vamos a asegurar. Es un texto más largo y con mayor contenido, con un final más contundente. Por eso se aleja de la leyenda urbana que conocemos (más despojada, breve, esquemática), para convertirse en esta historia enriquecida.
Empezamos.
Julián acababa de terminar su turno de noche, únicamente debía dejar el autobús en la cochera antes deregresar a casa, un trayecto de unos 25 minutos (saliendo de la ciudad) que siempre se le hacían eternos.
Mientras transportaba pasajeros su trabajo era entretenido, siempre podía escuchar las conversaciones de los demás o entretenerse mirando la minifalda de alguna jovencita por el espejo retrovisor; pero, con el autobús completamente vacío, los minutos se volvían horas.
Además estaba especialmente cansado, ya que la noche anterior apenas había dormido cuatro horas. Mientras conducía, el sueño le iba venciendo y sin querer pegaba algún pequeño cabezazo.
Se durmió apenas unas décimas de segundo, tiempo suficiente para perder el control del autobús y pegarse el susto de su vida al encontrarse en mitad de la calzada a una chica que asustada trataba de esquivar el pesado vehículo. Todo fue en vano: la velocidad a la que iba el vehículo, unida al estado de aletargamiento del conductor, provocaron que, incluso pisando el freno hasta su tope, el autobús arrollara a la joven. El sonido de las ruedas destrozando los huesos de su delicado cuerpo mientras el trasporte saltaba como si acabara de pasar un obstáculo, estremeció a Julián y lo dejó helado.
Estaba bloqueado, sin duda había sido su culpa, la chica estaba muerta, de eso no había duda. Mirando por el espejo una vez detenido el autobús, se podía ver como el cuerpo boca abajo estaba destrozado. No había nadie cerca que hubiese visto el accidente y miles de ideas se agolparon en su cabeza. Se imaginó en la cárcel y sin nadie que pudiera llevar el pan a la mesa de sus dos hijos. En el mejor de los casos perdería sutrabajo ya que había excedido las horas legales en que podía conducir un trasporte. Seguro que su jefe, cuando se iniciara una investigación, le echaría a la calle antes de buscarse problemas él mismo.
Asustado y aún confuso pegó un acelerón comprobando que no hubiera nadie cerca que pudiera identificarle, escapó de allí sin tan siquiera bajarse del autobús y en su huída no respetaba señales de tráfico ni los límites de velocidad. Una fuerte culpa le oprimía el pecho y como por instinto miró por el espejo interior del vehículo, no había nadie en los asientos pero sentía como dos ojos le punzaban en la nuca, como si alguien le mirara fijamente.
Entonces la vio…
viernes, 29 de agosto de 2014
ALLANAMIENTO EN TEMPLO UMBANDA - HALLAN RESTOS HUMANOS
Impresionante el video, a partir de cierto momento se vuelve muy tétrico... Click en el link para verlo!
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sábado, 23 de agosto de 2014
CLASICOS: NO CONTESTES EL TELEFONO
El sábado pasado lo arrancamos con la clásica trollpasta "Then who was phone?", y para no cortar la onda vamos con otra historia en la que el teléfono juega un papel importante. No es precisamente la más escalofriante de las historias (ni una de las mejor redactadas), pero no puede faltar en ningún repertorio. Hay que aclarar que circulan varias versiones, pero esta se acerca bastante a las primeras que pude leer.
Patricia era una adolescente que, como muchas, trabajaba de canguro para ganarse un dinerito. Pues bien, una noche le dejaron a cargo de dos niños, los padres habían sido invitados a una fiesta y tardarían bastante en volver. Antes de irse le dijeron que podía coger lo que quisiera de la nevera. Todo transcurrió sin problemas, despues de darles la cena a los niños los acostó y se dispuso a ver una pelicula acompañada de un bol de palomitas y un refresco. Al cabo de un rato sonó el teléfono. Pensó que era la madre que llamaba para ver que tal iba todo, pero no. Nadie contestó al otro lado. Patricia no le dio importancia, seguro que se habían equivocado. Por verguenza mucha gente cuelga al darse cuenta de su error. Apenas unos minutos después volvió a sonar el aparato. Esta vez se escuchó un leve susurro.
-¿Quién es?- preguntó ya un poco nerviosa.
Silencio por respuesta. Colgó algo mosqueada, y a los pocos segundos sonó de nuevo.
-¿Diga?
-¿Has ido a ver como están los niños?
-¡Vete a la mierda!- contestó enfadada.
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viernes, 22 de agosto de 2014
SARA
Como están amigos y amigas, en esta oportunidad comparto con ustedes una historia que realmente me gustó mucho. Después de sentarme una noche decidido a leer la mayor cantidad de creepypastas posible, tuve la suerte de toparme con este texto cuya lectura me provocó placer, algo que hacía tiempo no ocurría, al menos con este tipo de historias. Así que esa vez pude irme a dormir muy satisfecho.
La autora de "Sara" es Minna López, quien muy gentilmente me ha autorizado para incorporar al blog su creación. Pueden ponerse en contacto con Minna a través de su Twitter @minnamandarina
Ahora si, pasen y disfruten.
No sospechamos nunca de su frivolidad, de su mirada un poco fija en la nada, no sospeché de sus conciencias. Sara, siempre estaría ahí demasiado sentada, contando las vidas que le hacían falta para ser feliz y su madre siempre ahí demasiado preocupada, demasiado tensionada, demasiado tardía, contando los días de enfermedad. “Deberías ser más cuidadoso”, esas fueron las primeras palabras que crucé con Sara, una mañana de enero, mientras me entregaba la pelota que había terminado en su jardín. “Mamá detesta que le dañen sus flores”. En ese momento a mis nueve años, pensé en salir corriendo y no decirle nada, estaba prohibido hablarle a Sara, a su madre y mucho menos a su abuela, pues todos sabíamos de la tenacidad y el desdén con que podían llegar a tratar a esa pequeña.
La casa de Sara queda de camino de mi casa a la escuela y siempre pasaba y la veía sentada, demasiado normal, pero nuestros padres nos advirtieron, a todos y cada uno de nosotros. “No hables con la chica de esa casa”, los porqués variaron de familia en familia, pero la orden fue la misma “no hables con la chica de esa casa”, nosotros extendimos el miedo a su madre y a su abuela, de quien inventábamos historias.
Desde ese día, desde que me regresó la pelota, y no salí corriendo, empezamos a hablar, siempre le contaba sobre mis días en el colegio, los problemas de mis padres, y ella escuchaba tan atenta, y tan dispuesta a darme consejos, que no sospeché entonces de todo lo que era capaz de hacer.
Me gustaba hacerla sonreír, porque cada día parecía más distante. Mi hermano mayor decía que de seguir hablando con ella terminaría por enloquecer, que terminaría sentada en el pórtico de nuestra casa viendo pasar los niños. Pero eso jamás sucedió.
Las peleas de mis padres empeoraron y yo pasaba más tiempo con Sara, ella me recomendó no ponerle cuidado a las discusiones de ellos, decía darse cuenta de las cosas pues los gritos se escuchaban en toda la cuadra, pero que ante todo sabía que pasara lo que pasara mis padres siempre me iban a querer.
Ese jueves llegué de la escuela pasé por la casa de Sara y no estaba ahí tan sentada, su madre y su abuela se paseaban por el jardín regando las flores, pero Sara no estaba. Me sorprendí. Cuando llegue a mi habitación le pregunté a mi hermano por Sara, él dijo que ella sufrió uno de sus ataques neuróticos y que intento hacerse daño. Me preocupé. Después de hacer las tareas y jugar con mis amigos vi un carro que llegaba a la casa de Sara, ella bajó del automóvil y entró a la casa.
La autora de "Sara" es Minna López, quien muy gentilmente me ha autorizado para incorporar al blog su creación. Pueden ponerse en contacto con Minna a través de su Twitter @minnamandarina
Ahora si, pasen y disfruten.
No sospechamos nunca de su frivolidad, de su mirada un poco fija en la nada, no sospeché de sus conciencias. Sara, siempre estaría ahí demasiado sentada, contando las vidas que le hacían falta para ser feliz y su madre siempre ahí demasiado preocupada, demasiado tensionada, demasiado tardía, contando los días de enfermedad. “Deberías ser más cuidadoso”, esas fueron las primeras palabras que crucé con Sara, una mañana de enero, mientras me entregaba la pelota que había terminado en su jardín. “Mamá detesta que le dañen sus flores”. En ese momento a mis nueve años, pensé en salir corriendo y no decirle nada, estaba prohibido hablarle a Sara, a su madre y mucho menos a su abuela, pues todos sabíamos de la tenacidad y el desdén con que podían llegar a tratar a esa pequeña.
La casa de Sara queda de camino de mi casa a la escuela y siempre pasaba y la veía sentada, demasiado normal, pero nuestros padres nos advirtieron, a todos y cada uno de nosotros. “No hables con la chica de esa casa”, los porqués variaron de familia en familia, pero la orden fue la misma “no hables con la chica de esa casa”, nosotros extendimos el miedo a su madre y a su abuela, de quien inventábamos historias.
Desde ese día, desde que me regresó la pelota, y no salí corriendo, empezamos a hablar, siempre le contaba sobre mis días en el colegio, los problemas de mis padres, y ella escuchaba tan atenta, y tan dispuesta a darme consejos, que no sospeché entonces de todo lo que era capaz de hacer.
Me gustaba hacerla sonreír, porque cada día parecía más distante. Mi hermano mayor decía que de seguir hablando con ella terminaría por enloquecer, que terminaría sentada en el pórtico de nuestra casa viendo pasar los niños. Pero eso jamás sucedió.
Las peleas de mis padres empeoraron y yo pasaba más tiempo con Sara, ella me recomendó no ponerle cuidado a las discusiones de ellos, decía darse cuenta de las cosas pues los gritos se escuchaban en toda la cuadra, pero que ante todo sabía que pasara lo que pasara mis padres siempre me iban a querer.
Ese jueves llegué de la escuela pasé por la casa de Sara y no estaba ahí tan sentada, su madre y su abuela se paseaban por el jardín regando las flores, pero Sara no estaba. Me sorprendí. Cuando llegue a mi habitación le pregunté a mi hermano por Sara, él dijo que ella sufrió uno de sus ataques neuróticos y que intento hacerse daño. Me preocupé. Después de hacer las tareas y jugar con mis amigos vi un carro que llegaba a la casa de Sara, ella bajó del automóvil y entró a la casa.
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lunes, 18 de agosto de 2014
IMAGENES PERTURBADORAS 1 - NO SE SI DAN TERROR PERO...
Imágenes que pueden resultar extrañas, un poco desagradables e incluso pueden sobresaltarte si las ves con la ambientación adecuada. No pertenecen a películas de terror, y no son abiertamente terroríficas, sin embargo es innegable lo inquietantes que son.
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